Singapur: la tierra que quiso ganarle al mar
Singapur es isla y es país. Desde que surgió la idea de escribir sobre este lugar, tengo que reconocer que no lo cogí demasiado cariño. Me parecía puro artificio, un lugar creado a base de pegotes, bien sea por su forma drástica de ampliación de territorio como por la mezcla de etnias que podemos encontrar en él.

Es curioso que esta mezcla siempre me ha parecido interesante y positiva y no es que aquí no lo sea, pero es una extraña sensación de que en Singapur todo lo creado es coyuntural, para la consecución de una máquina de producir. Un lugar donde los negocios funcionan y con todo tipo de “ventajas” para vivir en él.
Su régimen autoritario nos hace ternerle el mismo “resquemor” que a China. Algunos dicen que los occidentales miramos a Singapur con el recelo poniendo la excusa de su sistema de gobierno, pero lo único que nos ocurre es que tenemos miedo al ver que existe una organización tan diferente a la nuestra que realmente ha funcionado.

Me ha horrorizado ver las miles de toneladas de tierra que han tenido que comprar en su afán por “crecer” y ganarle un terreno al mar que no les fue concedido por naturaleza. El desastre ecológico que ello conlleva destruyendo ecosistemas básicos sobre todo de las islas circundantes (no libres de culpa, claro, que ellas son las que venden el material) …
Pero esto no es un texto reivindicativo, sino un artículo de viajes y, aunque me ha costado ponerme a escribir sobre este destino, es cierto que he tenido también la tentación de viajar a él y, sobre todo, saber de lo que hablo, aunque sea para criticar.
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Me gusta mucho el titulo, porque la verdad por lo que se ve han podido ganar al mar los edificio en plan mar con alturas impresionantes. Ayer en la inauguracion del Circito de F1 nos han ensenado gran parte de la ciudad con planes desde los hilecopteros y se ve una marravilla…
Saludos a los amantes de F1