La ciudad de la tecnología
La ciudad de Tokio es un verdadero paraíso tecnológico: grandes pantallas en las calles, innovadores elementos de comunicación y un sistema de transporte rápido y efectivo.
Para quienes busquen grandes edificaciones en esta gran urbe, se sorprenderán al saber que hay muy pocos rascacielos y que el tamaño máximo de sus edificios es de 10 pisos, debido a los constantes movimientos sísmicos y la posibilidad de terremotos.
La majestuosidad de esta ciudad parece no tener límites. En el centro mismo de esta enorme y moderno centro urbano, se erige majestuoso el Palacio de Edo, que se dice fue la primera edificación en lo que hoy se conoce como Tokio en el año 1457.
Como quería conocer los lugares más distantes de Japón, tomé el Tren Yamanote, una hermosa formación que tiene una frecuencia de 2 minutos (si, cada dos minutos de reloj tenéis un tren esperando en el anden) y es utilizada por mas de 3 millones de personas.
Acabo de llegar a la zona de Ginza, donde hay enormes tiendas de ropa, almacenes de especialidades caseras (comida japonesa, naturalmente) y un interesante paseo para realizar en familia, y gastar bastante ya que los precios son altos.
Las mujeres estarán de parabienes en esta parte de la ciudad, ya que las más prestigiosas boutiques se encuentran aquí.
Pero eso no es todo: en Ginza se encuentra en majestuoso Teatro de Kabukiza (que está siendo remodelado) y Hankyu un centro comercial que incluye cines y restaurantes.
Para obtener una hermosa vista de la ciudad de Tokio, solo debéis dirigiros al edificio del Gobierno Metropolitano de Tokio, donde existe un enorme mirador, el cual tiene entrada libre para todo visitante.
Muy cerca de la sede gubernamental, se encuentra un paseo llamado Kabuki Cho donde se puede degustar de muy rica comida (para el que le guste la comida japonesa), tomar algún trago en los bares y ver alguna película en los cines.
Las familias tendrán un hermoso paseo en los Jardines Shinjuku ya que es un lugar de gran esplendor inmerso en la enorme jungla de cemento que es Tokio.
Y finalmente llegué a donde quería: los templos Samuráis que tanto me gustan y que he visto de niños en las películas.
Kaminarimon, es un enorme templo que se construyó en el año 942, para luego ser reconstruido en 1960, que mantiene las tradiciones milenarias de esta enigmática cultura. Si vierais como brillan mis ojos al contemplar la belleza de estos monumentales edificios, entenderíais que siempre fui fanático de las artes marciales y conocer de la cultura oriental.
Para finalizar mi viaje por Tokio (solo por hoy ya que recién mañana tengo mi vuelo), recorrí otro de los templos samuráis llamado Sensoji, con la típica arquitectura de los viajes Templos Shaolin.
Un largo día por delante tendré mañana cuando visite lo mucho que me queda ver de esta enorme ciudad. Espero poder brindaros lo mejor, ya que el lugar es tan grande, que tengo miedo de dejar algo afuera.
Hasta el próximo viaje.











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