La espada del desierto
Los últimos días antes de volver a Madrid se están haciendo bastante largos y tediosos.
Los continuos viajes, hacen que cada vez más añore volver a mi casa, a mis afectos, a mi familia.
Pero el show debe continuar y estoy por llegar a la ciudad de Marrakech
Es una pequeña ciudad, si tomamos en cuenta que su superficie no supera los 7 kilómetros cuadrados, con más de 1.500.000 habitantes se encuentra el sur de Marruecos, franqueada por la cordillera de Atlas (que recorre tres países: Túnez, Argelia y Marruecos).
La historia de esta ciudad data del siglo XI, cuando la dinastía de los Almorávide (soldados guerreros del Sahara que conformaron luego un gran imperio que invadió España y Portugal en el siglo XIII) decidió dejar de ser nómadas y establecerse en la región. Esta tribu convirtió a Marrakech en la capital absoluta de su vasto imperio y controlaba desde aquí los destinos de parte de España, Portugal, Mauritania y Marruecos.
la explicación más aceptada acerca de donde proviene el nombre de la ciudad, viene de la mano de las creencias de sus fundadores, los Almorávide, puesto que al llevar al extremo las enseñanzas del Corán, pensaban que en donde se establecieran como civilización sería la “Tierra de Dios”, frase que casualmente concuerda con el término Marrakech, en uno de los dialectos del árabe.
Miles de personas de todo el mundo visitan anualmente la ciudad, cuna del excentricismo y de la cultura bohemia, puesto que ese pensamiento (nacido primordialmente luego de la Primera Guerra Mundial) llevó a decenas de europeos a establecerse en el lugar, considerándolo exótico e interesante.
Uno de los monumentos históricos de la ciudad es el denominado Mausoleo de los Saadies, que fue construido en el siglo XVI por el sultán Al Manzur, donde se conmemora a los muertos en la expulsión de los moros de España.
Entre sus principales obras arquitectónicas, se encuentra la denominada Mezquita Koutubia, que fue el lugar donde Vivian los calígrafos en el siglo XII. El edificio tiene más de 60 metros de altura y es uno de los más importantes de la región.
El día va llegando a su fin y será tiempo de descansar y renovar fuerzas.
A la hora de elegir en qué hotel hospedarme, tuve en cuenta principalmente su cercanía con el centro histórico para poder utilizarlo como un punto de encuentro en mis múltiples recorridas. El elegido es el pintoresco Hotel Diwane, situado en el centro mismo de Marrakech.
Hasta la próxima aventura.











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