La mejor de las cervezas
No, mis amigos, no he cambiado de rubro. Es sólo que el título refleja uno de los grandes atractivos de una pequeña villa de Bélgica en la región de Namur, llamada Rochefort.
Ya en otra ocasión estuve recorriendo la provincia de Namur y pasé por la capital del mismo nombre, pero en esa oportunidad no alcancé a conocer a fondo el lugar (y por suerte, pude retornar para disfrutar de un lugar increíble).
Nuevamente, mi fiel vehículo ha logrado llevarme a un sitio más que recomendable para el turismo.
Rochefort es una pequeña villa de 15 mil habitantes que se encuentra al este de Bélgica y su historia data del siglo XVII, cuando el rey Luís XIV promulgó la construcción de un fuerte dedicado a la defensa y la creación de embarcaciones de guerra.
La majestuosidad del famoso Castillo de los Condes se hace innegable al entrar a Rochefort. Este imponente edificio (o más bien, lo que queda de él) fue construido en el siglo XI y alojó a personajes ilustres del gobierno francés.
La actividad cultural de la pequeña ciudad, se centra en el Museo del Mundo Subterráneo y su maravillosa muestra arqueológica, en el Museo de la Agro Industria y las Cuevas de Han donde observareis pinturas rupestres de extrema belleza.
La fachada de la Iglesia de Rochefort, el Ayuntamiento y la Escuela Naval de Medicina son tres exponentes de la magnificencia de la arquitectura imperante en la zona, maravillando al visitante a cada paso.
Si deseáis pasar un día de campo especial, el Safari Park es la mejor de las opciones ya que recorreréis un paisaje increíble y disfrutareis de espectáculos dentro del complejo.
El alojamiento en la ciudad es bastante reducido respecto a los hoteles (con precios máximos de entre 70 y 75 euros por noche) puesto que hay cuatro de importancia, pero sin embargo, la gran apuesta es realizar turismo rural en los hostales y las casas de campo de la ciudad.
En lo que concierne a la gastronomía, Rochefort ofrece restaurantes de nivel internacional como el Auberge du Vieux Moulin con platos desde los 15 euros y menús completos a la carta por 35 euros, aproximadamente.
Pero si hay algo por lo que viaje a esta pequeña comunidad belga, es por su famosísima cerveza. Es que la exclusiva y riquísima cerveza Trapense es una verdadera delicia que tuve el gusto de saborear.
El mejor lugar para pasar una excelente escapada de fin de semana y disfrutar de una de las cervezas más deliciosas de todo el mundo.
Será hasta la próxima aventura.











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