Traspasando la Gran Muralla
Comienza mi ultimo día en China y las cosas que visité hablan por si mismas.
De a poco, Pekín se está convirtiendo en una típica ciudad capitalista: grandes embotellamientos de tránsito, carteles de marcas multinacionales aparecen en los edificios y la ropa que usan sus habitantes se asemejan a cualquier prenda que pueda comprarse en Madrid, Paris o Nueva York.
Una ciudad con demasiadas personas para mi gusto (¿será tal vez que me había acostumbrado a la tranquilidad de las playas del Caribe, o que los 18 millones de habitantes son muy ruidosos) y un olor extraño, tal vez provocado por las tiendas de pescado al aire libre o por vaya saber que actividad.
En definitiva, y más allá de lo negativo que acabo de relataros, los monumentos que hay en la ciudad la hacen apta para recorrerla en dos a tres días.
Para mi humilde entender, quedarse más días sería una decisión demasiado personal (si entendéis a lo que me refiero).
El recorrido por Pekín continua, y es turno de conocer a la Tumba de la Dinastía Ming, en ella yacen los restos de 13 emperadores, 33 emperatrices y los cortesanos de cada uno de los monarcas.
La construcción de estas tumbas se realizó en 1409 y fue declarada Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 2003. El ingreso a las tumbas se realiza por un camino llamado sagrado, franqueado por colosales estatuas.
En lo que se refiere a la religión que profesaban los antiguos reyes de China, su principal centro de oración es el Templo del Cielo, declarado monumento histórico y Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998.
De una construcción imponente que data del año 1420, este centro religioso era vital para los emperadores que se acercaban a él para orar y pedir por una buena cosecha.
Me queda para contaros sobre el Palacio de Verano, un increíble jardín a 11 kilómetros del centro de la ciudad, donde el emperador Qianlong construyó su residencia en 1750. También es uno de los agraciados como Patrimonio de la Humanidad por la UNESCO en 1998.
Antes de irme de Pekín, me dirigiré al Jardín Daguanyuan, una especie de set de cine (ya que aquí se rodó la película El Sueño del Pabellón Rojo) construido en 1988 y que, por su belleza fue mantenido abierto e intacto por el gobierno chino, siendo hoy uno de los atractivos más elegidos por los turistas.
Entre los museos que hay en la ciudad, pude visitar el Museo del Palacio (increíble muestra permanente de objetos ancestrales) y el Museo del Hombre, donde se puede observar objetos arqueológicos y restos de homínidos que habitaron la region hace miles de años.
La UNESCO nombró a este lugar como Patrimonio de la Humanidad en 1987.
Poco tiempo me queda en la ciudad y ya se acerca la hora de mi vuelo.
El destino elegido será Bangkock en Tailandia.
Hasta mi próximo viaje desde el este.

Temáticas relacionadas: China, palacio del cielo, pekin, tumbas ming










Leave your response!